Julián Molina, su historia y sus sueños

Por Matías Petisce / Diario La Capital (Rosario)

Pasaron algunos meses de aquella hazaña en el XIX Campeonato Iberoamericano de Alicante por la clase de corredores con los que compitió, pero Julián Molina revela que en lo más profundo de su ser aún resuenan las estrofas del Himno Nacional. En aquel entonces estaba en el podio, ya no importaba en qué lugar ni cuál era la marca que había establecido, pero lloraba desconsolado de emoción. Antes de ese instante, había cruzado la meta en un final con sabor a victoria pese al tercer puesto y se había tomado la musculosa celeste y blanca al grito pelado de «¡vamos Argentina!» ante las cámaras con esa impronta y fuego sagrado que caracteriza a las almas de potrero, de calle y las que se hacen de abajo. Es que había dejado hasta lo que no tenía para conseguir lo que había ido a buscar: una medalla y la gloria que todo deportista sueña y anhela. Y no era para menos. Acababa de representar al país en un certamen con excelentes resultados para el equipo nacional de atletismo. Y ahí estaba, orgulloso con sus dos preseas de bronce por los terceros puestos en los 3 mil metros con obstáculos (8′ 35» 40/100) y en los 5 mil metros llanos (13′ 52» 50/100), con apenas dos días de diferencia entre una competencia y otra. Sin embargo, eso no sería todo: en el Meeting Iberoamericano de Huelva desarrollado días posteriores iba a superarse a sí mismo y marcar un registro de 8′ 31» 97/100 para esa prueba con obstáculos, que le permitió escalar al segundo lugar del ránking permanente nacional pese a que su tobillo derecho venía deteriorado y le estaba pidiendo descanso ante semejante esfuerzo. Así y todo, clasificó al Mundial de Atletismo que se realizó en Oregon (Estados Unidos), pero decidió volver al país para encarar la recuperación y sus próximos objetivos, entre ellos, los Juegos Olímpicos de Francia 2024. Pero antes, sostendrá que hay muchas metas por cumplir para seguir sumando carreras.

En una charla con Ovación revelará que la distancia que más le gusta son los 10 mil metros, donde ostenta una marca de 28′ 33» y es a su vez el campeón de las cuatro últimas ediciones del Campeonato Argentino en esa distancia (sólo superada por Antonio Silio -27′ 83» en 1993 en Bruselas – y Fabián Cascabelo 28′ 22»), pero asegura que puede correr por debajo de ese registro pese a que se considera un todo terreno y se focaliza en el objetivo que se le ponga enfrente. Historia de un pibe que hoy disfruta de una eventual Beca del Enard que tanto buscó para poder mantener su entrenamiento en el más alto nivel, pero aún sigue vendiendo empanadas en un proyecto familiar junto a la familia de su pareja, quien también fue su punto de apoyo cuando más lo necesitaba tras pasar por una industria de línea blanca, una empresa del Cordón industrial y en una bicicletería.

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Nació un 11 de mayo de 1993 en Paraná (29 años) y, como la gran mayoría de los pibes de barrio de clase trabajadora, jugaba al fútbol en Peñarol de esa ciudad en la posición de volante por derecha. Así transcurrió su adolescencia e incluso revelará que solía jugar por lechones y premios en dinero efectivo, fiel reflejo del potrero que todo argentino lleva dentro. Sin embargo, el protagonista del presente de uno de los mejores atletas argentinos será Elías Uner, un amante del atletismo quien no tardará en ver las condiciones natas de atleta que exhibía Julián y también su pilar para sacarlo del barrio y enseñarle el camino como él afirma. También sería quien por esas cosas del destino lo cruce con su actual entrenador y entrañable amigo, el múltiple campeón argentino y sudamericano Cristian Crobat, quien coordina Atenas Running Team junto a Juan Ansio.

—¿Cómo comenzó tu aventura en el atletismo?

—Jugaba al fútbol en Peñarol de Paraná, de volante por derecha, pero ya estaba cansado de los roces porque se jugaba fuerte; ahí se ponían en juego desde lechones hasta dinero en efectivo. Siempre hice deportes de chico, me gustaba correr. Y cuando me di cuenta que podía correr en 3′ 20» empecé a dar vueltas por todos lados en Entre Ríos para ganarme la vida, hasta que Elías Uner me trajo en 2012 a correr la maratón solidaria de Canal 5.

—De modo que Elías Uner fue una persona muy importante para vos…

Él es una persona de bien y siempre me guió por el buen camino y fue el que me marcó muchas cosas. El me vio las condiciones. Por eso cuando volví a Paraná con las dos medallas fue un verdadero orgullo porque hace 9 años atrás, cuando estuvo en un programa de TV, muchos se rieron porque no le creían cuando afirmaba que yo iba a ser un atleta de proyección nacional. Por eso él estaba muy contento con la obtención de las medallas porque evidentemente cuando él vio mis condiciones sabía lo que yo podía dar.

—¿Y cómo fue tu contacto con Cristian Crobat?

—Resulta que Elías me trajo a Rosario en 2012 a correr la tradicional maratón solidaria de Canal 5. La verdad que nadie me conocía y era la primera vez que venía. Estaba corriendo en 33′ 20» más o menos los 10k. Lo cómico fue que a Cristian Crobat lo conocí en plena carrera junto a Juani Toledo, pero él se quedó en la integrativa de los 5k y después quedé solo toda la carrera hasta que al final, en los últimos 150 metros, me empezaron a pasar (el ganador fue Marcos Delforno) y quedé 4º, muy triste; no lo podía creer. Nunca esperaba el carrerón que había metido en una competencia con tanto nivel para mí en ese momento, pero me quería largar a llorar por la carrera que había perdido. Por eso entre Joel Aguilera (que había quedado tercero) y el propio Elías Uner, que corrió y llegó quinto, hablaron con la organización para que el podio sea de cinco en lugar de tres (tal cual como ahora se acostumbra). Fue un gesto enorme y ahí empecé a correr con el grupo Atenas.

Allí también comienza un lazo afectivo con Crobat, quien acompañó y también supo guiar a Julián en sus primeros pasos en Rosario, que no fueron fáciles por cierto. «Cuando me vine a Rosario era como un hijo más para Cristian, él me hospedó en su departamento y me ayudó mucho. Hemos pasado muchas cosas juntos, buenas y malas, y tenemos una gran relación», valora.

Desde 2016, cuando se instaló definitivamente, trabajó en una empresa vial de Puerto General San Martín, incursionó en una firma de línea blanca de la zona sur y posteriormente consiguió trabajo en una fábrica de bicicletas hasta que en 2018, luego de cruzar la meta en la media maratón de Buenos Aires y mirar al cielo para dedicarle el título a su madre, puede decirse que pudo al fin dedicarse de lleno al atletismo y transformarlo en su medio de vida. Se abrieron las puertas para acceder a varios sponsors, incluido el de una marca líder con el que acaba de renovar contrato como otros tantos atletas del país.

El día de Julián arranca bien temprano. Cuando vivía en zona sur solía realizar el primer turno de entrenamiento en soledad en el Parque Regional Sur; ahora lo hace junto al grupo de Atenas sobre la costa central de Rosario, al que le suma una rutina de gimnasio tres veces por semana y un turno vespertino para terminar de aceitar el andar rítmico y acompasado que exhiben los corredores de fondo o medio fondo. Así está de lunes a lunes, aunque en los ratos libres (a media mañana o después del mediodía) cocina y prepara parte de las viandas saludables —Las Aguirre— que elabora la familia de su pareja, más bien su familia ampliada.

La trayectoria de Julián no fue sencilla pese a sus logros deportivos. Por cuestiones personales y bajones anímicos que no escapan a ningún ser humano dejó de correr por espacio de nueve meses en 2015, cuando no soportaba la extenuante combinación de la jornada laboral fabril y las exigentes rutinas de sesiones en el grupo de running. En ese lapso se volvió a Paraná y hasta evaluó la posibilidad de dejar las zapatillas e ingresar a la Policía de Entre Ríos. Pero ese parate fue efímero. Sus piernas le pedían trote y ritmo de carrera, ese hormigueo que siente todo deportista nato cuando extraña la competencia. Fue entonces que volvió a calzarse los cortos, a darle suela al pavimento y comenzó a prepararse para terminar cruzando la meta con holgura en la maratón del Puente Rosario-Victoria en octubre de ese mismo año.

«Me di cuenta que no quería eso para mi vida y volví a correr», confesaba en una entrevista realizada previo al viaje a España. En esa ocasión, a punto de cumplir 29 años, organizó una rifa para recaudar fondos que le permitieran sostener su estadía en el Viejo Continente y probar suerte en distintos escenarios con el objetivo de sumar roce internacional y así lo consiguió gracias al apoyo de la gente.

No obstante, Julián siempre tuvo que superar escollos más allá de los obstáculos dentro de la pista de atletismo. «Me han pasado muchas cosas —cuenta—, de que digan que me había estimulado por haber corrido en 1h 04′ 19/100 la media maratón en 2018 en Buenos Aires (fue el primer argentino en cruzar la meta y se consagró campeón). Pero después lo demostré en la Copa de Clubes al correr los 10 mil en 29′ 40». Ahí dejé en claro que podía correr la media maratón en ese tiempo que gané, incluso corrí esa carrera junto a Coco (Eulalio) Muñoz (maratonista argentino representante en el Mundial de Oregon)», revela para sintetizar que más allá de lo humano, definitivamente en el alto rendimiento «el ritmo por kilómetro es lo que vale un corredor» si pretende obtener recursos para dedicarse de manera exclusiva a la actividad deportiva de alto rendimiento.

—¿Cuál era tu sueño en el atletismo?

Mi sueño ya lo cumplí, que era representar al país, por eso ahora no me vuelvo loco con la idea de los JJ.OO. de Francia. Sé que antes están los Odesur (decidió cederle el lugar a otro atleta para recuperarse de una lesión) y muchas cosas más como los Panamericanos, pero aprendí que debo ir día a día porque no sabemos qué puede pasar en el futuro. Imaginate que corriendo tres carreras (Iberoamericano, Campeonato Argentino y Meeting de Huelva) quedé 36º del mundo en 3 mil con obstáculos, que era algo que no nos imaginábamos, y eso me sirvió para clasificar al Mundial de Oregon, que es más difícil de ingresar que los JJ.OO., pero por la lesión que me surgió no pude viajar.

—¿Te gustaría probar otra vez distancias más prolongadas, como la media maratón o el maratón?

—Si bien corro a un promedio de 2′ 50» el kilómetro y al filo de 1′ 08/09» en pista (tiene 400 metros), la prueba que más me apasiona es la de 10 mil metros llanos. Con mi registro de 28» 33» hoy debería andar en 1h 01′ 30» matemáticamente hablando, pero quedé un poco frustrado del maratón (tuvo una experiencia Valencia, donde abandonó por una molestia, y otra en Berlín, ambas en 2019) y la preparación es tan larga que por ahora no está en mi cabeza.

Molina registró en 2021 en el Campeonato Nacional realizado en Concepción del Uruguay una brillante actuación para registrar, en pista mojada y bajo la lluvia, un tiempo de 28′ 33» 90/100, que le valió además consagrarse en esa distancia por tercera vez consecutiva (en 2022 ganó en la edición de Mar del Plata con 28′ 40» el cuarto al hilo). Ese guarismo lo posicionó tercero en el ranking nacional histórico, sólo superado por el nogoyaense Antonio Silio (27′ 38» 72/100 -3 de septiembre de 1993 en Bruselas-, actual récordman de esa distancia en pista y Fabián Cascabelo (28′ 28» 22/100).

—¿Te esperabas ese resultado en el Iberoamericano?

—Sabíamos lo que había entrenado en la altura (Centro de Alto Rendimiento de Altura, en Cachi, Salta) y las pruebas de 10 mil y 5 mil en los Grand Prix, Campeonato Argentino y Sudamericano y gracias a Dios se dio todo bien. Creo que hice una carrera inteligente y por eso se dio la medalla; corrí teniendo de liebre al mejor sudamericano (el colombiano Carlos Andrés San Martín) que tenía 8′ 25» en los 3.000 con obstáculos y con esa marca había ido a Tokio. Por eso salí detrás suyo, porque es un corredor muy parejo y lo conozco hace años. La verdad que haber llegado delante de semejante atleta te da mucha confianza para saber que puedo estar entre los mejores del mundo en esa prueba, que es muy exigente. Creo que el objetivo lo había cumplido el viernes (3 mil c/ obstáculos y medalla en 8′ 35» 40/100), pese a que me siento más corredor de 5 mil y 10 mil metros, pero esta última la habían sacado este año. Si no, me hubiera tirado a correr esas dos pruebas.

Y enseguida, argumenta: «Con una prueba de obstáculos encima, que es muy exigente y agotadora, demostré que estuve entre los tres mejores. Fue un gran logro, porque si hubiese estado un poco más fresco y sin la prueba de 3 mil con obstáculos, pudiera haber ganado tranquilamente e5 mil porque como terminé cerrando la última vuelta, corriendo al lado del atleta olímpico Carlos Mayo (el ganador), fue una locura. Tiene 27′ 30» en los 10 mil, me saca una vuelta«, se enorgullece para precisar: «Con 8′ 44» entré el ránking permanente y en Huelva marqué 8′ 31» y quedé segundo en el ránking nacional histórico».

El entrerriano terminó con 8′ 31» 97/100 pese a clasificar séptimo y con un tobillo derecho lesionado. Ahora, quedó sólo precedido por el récord que Marcelo Cascabelo logró en 1989 (8’ 25’’ 63/100) y superó a Leonardo Malgor que tenía 8’ 32’’ 42/100.

«Lo bueno es que con Malgor tenemos también una buena relación, tanto por el equipo argentino como por las pretemporadas que hicimos en Mar del Plata, donde conocí también al maratonista Mariano Mastromarino”, señala.

Para el atletismo argentino fue un torneo histórico el de Alicante.

Superar nuevos obstáculos y seguir adelante

Julián ganó el último campeonato argentino de 10 mil metros en Mar del Plata y los tres anteriores de manera consecutiva. También brilló en Concepción del Uruguay con 13’ 42’’ minutos para recorrer 5 mil metros (campeón nacional) y establecer nuevo récord en esa pista para esa distancia (también se impuso en Chile en 5 mil y 3 mil con obstáculos). Ostenta 9 títulos entre Cross trail, pista y ruta.

Sin embargo, el coronavirus lo bajó del avión cuando estaba por volar al Sudamericano de Guayaquil 2021 con la delegación argentina, donde era firme candidato. «Con lo que me pasó con el covid, la verdad que me sirvió para fortalecerme y seguir adelante. Siempre soñé con representar al país, y que una hora antes me bajen del vuelo fue terrible para mí. A veces pienso en las lesiones y todas esas cosas malas que te pasan como deportista, pero me recupero e intento seguir adelante con nuevos objetivos», reflexiona.

—¿Cómo ves el atletismo argentino?

—Se ha progresado mucho en Argentina y eso es muy bueno. Viene un progreso que supera los últimos años y eso sirve para correr en equipo. Y también hay códigos: me pasó correr en San Luis con Joaquín Arbe y que él se equivocó el camino; yo lo esperé y cuando retomó chocamos las manos y le dije: «que gane el mejor». En ese entonces el tuvo mejor remate y ganó esa carrera. A mí me gusta ganar bien, no me voy a desesperar por unos pesos más de los premios que entrega una carrera. Y por ese gesto, la organización de la carrera decidió darnos el mismo premio al 1º y 2º».

La altura de Cachi, un templo zen

A 2.500 metros sobre el nivel del mar, el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) de altura en Cachi se transforma en una suerte de templo sen, aunque valga la metáfora. Porque allí, además de buscar elevar el volumen máximo de oxígeno en sangre (VO2), los deportistas acceden en soledad y lo utilizan para focalizar sus objetivos en paz y tranquilidad, lejos del estrés de las grandes urbes.

“Este año subí dos veces a Cachi y lo hice con mis recursos, por eso lo excelente de la beca que ahora tengo por un año. Porque me permite cubrir el alojamiento y cubrir los alimentos que necesito para la preparación previa a cada competencia. Allí, en la altura, más allá de los trabajos físicos y la rutina, lo utilizamos para concentrar. Es el lugar ideal para focalizarse en el objetivo que cada deportista tiene en mente”, comenta Julián. Sin dudas, la montaña tiene ese matiz místico que muchos atletas aprovechan para hacer una especie de retiro cual asceta de monasterio. Allí terminan de ponerse a tono y estar listos para bajar al llano y competir.

En una de las paredes de su departamento conserva un cuadro con la musculosa de la selección argentina y las dos medallas obtenidas en el Iberoamericano. Pero el motor de este deportista fuera de serie se sintetiza en el siguiente mensaje: «Hoy lo logré mamá, y se que desde que te fuiste en 2012 nunca me di por vencido para que puedas verme colgarme esta medalla tan importante para mi vida».

Los números de Julián Molina

Medio maratón 01’ 04’’ 19/100 Buenos Aires (26 de agosto de 2018)

3.000 metros 8’ 06’’ 43/100 Rosario (22 de febrero de 2020)

5.000 metros 13’ 42’’ 21/100 Concepción del Uruguay (27 de marzo de 2021)

10.000 metros 28’ 33’’ 90/100 Concepción del Uruguay (9 de abril de 2021)

2.000 metros con obstáculos 5’ 40’’ 04/100 Concepción del Uruguay (2 de abril de 2022)

3.000 metros con obstáculos 8’ 31’’ 97/100 Meeting de Huelva, España (25 de mayo de 2022).

 

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