Reinaldo Gorno, a 68 años de la hazaña

Este 27 de julio se han cumplido 68 años de nuestra última medalla atlética en los Juegos Olímpicos. Fue una hazaña de Reinaldo Berto Gorno, quien terminó segundo en el maratón en Helsinki, detrás del checo Emil Zatopek. Este, apodado “La Locomotora Humana”, consumó una hazaña irrepetible: triunfó en los 5.000 y 10 mil metros llanos en pista, y luego en el maratón. Y Gorno continuó la serie de grandes logros de nuestros maratonistas como Juan Carlos Zabala (campeón en Los Angeles 1932) y Delfo Cabrera (ganador de Londres 1948 y sexto en Helsinki).

Aquí transcribimos el artículo alusivo a Gorno del libro “Medallistas Olímpicos Sudamericanos” presentado por Consudatle en oportunidad de su Centenario.

La tercera medalla argentina en un maratón olímpico no fue de oro como las anteriores, sino de plata. Pero resultó igualmente notable y ubica a su protagonista, Reinaldo Berto Gorno, en ese “Olimpo” de los elegidos, de los grandes de nuestra historia atlética. Gorno fue el subcampeón en los Juegos de Helsinki, escoltando a ese fenómeno llamado Emil Zátopek. Todo dicho. Pero esa medalla de plata, a la vez, le dio nuevos bríos a su campaña. Ya tenía 34 años y varias de sus mejores actuaciones estaban por venir.

Gorno, de ascendencia italiana, nació el 18 de junio de 1918 en Yapeyú, provincia de Corrientes, la tierra del Libertador General San Martín. Sus comienzos atléticos fueron en pruebas locales, sobre 4 kilómetros, y de allí pasó a la vecina Concordia. Hasta que el buen nivel de los fondistas argentinos de la época y la atracción de las carreras de calle, lo llevaron a Buenos Aires, donde rápidamente progresó junto a la generación de lso Ibarra, Cabrera, Bralo y tantos más. Su debut en los Campeonatos Sudamericanos se produjo justamente en la capital argentina, en 1941, donde logró los 3.000 metros por equipos y fue subcampeón de los 5.000 y 10.000 metros llanos, escoltando en ambas a un Juan Raúl Ibarra que estaba en la plenitud. En 1945 en Montevideo, Gorno ganó la prueba de cross country -único título sudamericano de su carrera- y terminó segundo en 10 mil y tercero en 5.000, pruebas ganadas nuevamente por Ibarra. En el Sudamericano siguiente, en Rio de Janeiro (1947), Gorno fue subcampeón de cross. Y en los primeros Juegos Panamericanos (1951 en Buenos Aires) concretó su debut como maratonista.

Allí el campeón olímpico Delfo Cabrera ganó con amplitud (2h35m01s), Gorno llegó diez minutos más tarde y se llevó la medalla de plata. El resultado se repitió al año siguiente sobre medio maratón por el Campeonato Sudamericano de Buenos Aires, donde Gorno también fue subcampeón de los 5.000, dominados por el chileno Raúl Inostroza.

Ese Sudamericano fue el “test” hacia el sueño de su vida, los Juegos Olímpicos de Helsinki. Y estos lo encontraron en pleno ascenso, como lo demostró con su acertada planificación de carrera, con la batalla que dio ante los mejores corredores de la época y con un registro de 2h.25m.35s que, en aquellos momentos, resultaba asombroso. Sólo un Zátopek pudo interponerse entre Gorno y la gloria, pero su nombre quedó inscripto entre los grandes desde ese día. Pasarían más de tres décadas cuando, en un compromiso en Buenos Aires, invitaron a Emil Zatopek a visitar la ciudad con una gestión de Osvaldo Suárez y Domingo Amaison. Y allí se produjo el emotivo reencuentro de esos grandes maratonistas olímpicos.

El maratón olímpico en Helsinki (27 de julio de 1952)

Técnicamente, el maratón (como tantas pruebas) había evolucionado en forma vertiginosa en los cuatro años transcurridos desde los Juegos Olímpicos de Londres. Apenas un mes antes de la cita de Helsinki, el británico Jim Peters llevó el récord mundial a 2h20m43s. Era uno de los favoritos, al igual que el coreano Yoo-Chil, que había abandonado a los 35 km en Londres cuando lideraba y que ahora llegaba con un registro de 2h26m07s. Pero nada era comparable a la presencia de Zatopek. La Comotora Humana, uno de los gigantes de la historia del atletismo. El 20 de julio, Zatopek ganó los 10 mil metros con récord olímpico, dos días más tarde cumplió con la serie de 5.00 y el 24 venció en la final de esta prueba, también con marca de los Juegos. Allí se sentó en la tribuna para ver como su esposa Dana -nacida un 19 de septiembre de 1922, igual que Emil- ganaba el oro de lanzamiento de jabalina, convirtiendo a este matrimonio en el único de la historia del atletismo que celebraba triunfos en los mismos Juegos. Zatopek había revolucionado el atleitsmo de fondo por sus sistemas de preparación, sus tácticas y su personalidad. Pero su debut en maratón era una incógnita, sobre todo por la respuesta física que tendría. Ya vimos con las despejó.

En un circuito ideal y un clima de 18°C, el maratón cerró las competiciones atléticas de estos Juegos y aquel nivel técnico previsto se dio totalmente, con los quince primeros logrando sus mejores registros personales.

Peters arrancó a un ritmo endemoniado (15h43s sobre 5 km, que hoy significan un final sobre las 2 horas y 11 m). A los 10 km, seguía al frente con 31m55s pero tanto el sueco Jansson (32m11s) como Zatopek (32m12s) no lo perdían de vista. Y después, como en gran parte de este maratón, se ubicaban el otro inglés, Cox, Gorno y Cabrera. La aventura de Peters comenzó a diluirse en los 15 km, cuando lo alcanzó el sueco (47m58s), zon Zatopek a dos segundos. Y cuando éste también alcanzó a Peters, poco antes de los 20 km, se produce aquel diálogo que ya es leyenda (“¿No vamos demasiado despacio?”, preguntó Zatope). EL paso de los 20 km vio a Zatopek y Jansson en 1h04m27s, Peters a diez segundos, Gorno cuarto (1h5m50s), Caberar quinto (con un minuto más) y Cox… a la ambulancia.

De allí en adelante todo resultó para el fenómeno checo, quien pasó los 25 km en 1h21m30s y los 30k en 1h38m4s, sin mantener el ritmo en los parciales de 10km pero estirando ventajas sobre el sueco, que ya iba 26s atrás. Y fue allí, sobre los 30 km, que Peters abandonó por una lesión en la rodilla izquierda y Gorno se instalaba en zona de medallas. A los 35 km, Zatopek cruzó en 1h56m50s, Jansson a 1m5s con 51s de ventaja sobre el argentino. Delfo Cabrera, defensor del título, se mantenían cuarto, pero asomaban el coreano y el finés Karvonen, quienes lo desplazaron poco antes del final. Gorno consiguió sobrepasar a Jansson a los 39 km, pero la persecucióin de Zatopek era imposible, le lelvaba dos minutos.

Los 7 0 mil espectadores se conmovieron al ver al checo en su ingreso al Estadio Olímpico, donde celebró su tercera dorada y su tercer récord olímpico de la semana, algo inigualado en el atletismo de gran fondo.

Clasificación

1 Emil Zatopek (Checoslovaquia) 2h23m04s

2 Reinaldo Gorno (Argentina) 2h25m35s

3 Gustaf Janssoin (Suecia) 2h26m07s

4 Chooo Yoon-Chil (Corea del Sur) 2h26m36s

5 Veikko Karvonen (Finlandia) 2h26m42s

6 Delfo Cabrera (Argentina) 2h26m43s

7 Jozsef Dobronyi (Hungría) 2h28m05s

8 Erkki Puioilakka (Finlandia) 2h29m35s

Consagración

La actuación en los Juegos le abrió a Gorno nuevas posibilidades e invitaciones. Su manager Alejandro Stirling -quien también lo fuera de Juan Carlos Zabala- lo llevó a las principales pruebas del circuito. Hicieron base en Neustadt, Austria y Gorno mejoró en 1953 los topes sudamericanos de 25 y 30 km en ruta (1h21m12s y 1h37m20s respectivamente) en pruebas de preparación. El 30 de agosto de ese año ganó el maratón Dornbirn, en Viena, pero sus 2h33m08s no lo dejaron conforme: un fuerte viento y una lesión en el pie lo complicaron.

Un año más tarde, consiguió el triunfo más relevante de su campaña al ganar en Nakamura (Japón) con 2h24m55s. Fue el primer extranjero en ganar esa prueba -trasladada posteriormente a Fukuoka- y que da la medida en la valía de los grandes especialistas de maratón. Gorno guardaba emotivas anécdotas de aquel viaje, en el que también le acompañaban Cabrera (abandonó) y Ezequiel Bustamante (21°). Por ejemplo, en los días previos estuvieron en Tokio alentando a Pascual Pérez en su consagración como campeón mundial de boxeo, el primero que dio la Argentina. Y al regreso, un paso por Nuva York, donde el legendario Jack Dempsey los recibió en su restaurante.

El 19 de abril, Gorno quedó 5° en el maratón de Boston con 2h20m28s (marca no homologable por los desniveles del circuito y la distancia corta) y el 27 de agosto, en Enschede (Holanda) volvió al triunfo con 2h26m33s. Poco después decidió su retiro del atletismo, trabajó en organismos oficiales hasta su jubilación. También, lejos de los flashes y del ruido, dirigió y alentó a nuevas generaciones de atletas. Lo seguía haciendo a sus 75 años en el Polideportivo de Quilmes cuando un balazo, en medio de un asalto a una oficina, lo hirió de muerte. Después de intentos desesperados por salvarle, murió el 10 de abril de 1994.

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