Los 90 años de Möens, el recuerdo por Balducci

Por LUIS VINKER

Hace pocos días -el 26 de abril- el atletismo de Bélgica celebró el cumpleaños número 90 de una de sus figuras históricas, el mediofondista Roger Möens. Destacaron que a esa edad, se mantiene activo, jugando dos horas de golf, al menos tres veces a la semana… Möens fue uno de los grandes atletas de la década del 50, a quien sólo le faltó el oro olímpico para coronar su notable campaña. Y nos viene al recuerdo que en algunas de sus tantas andanzas por la pista tuvo como rival a uno de los mejores mediofondistas del historial argentino, Eduardo Balducci (quien falleció hace dos años en Miramar).

Balducci había mejorando varias veces el récord nacional de los 800 metros (lo dejó en 1m50s2 a fines de 1956 y tuvo desde allí una vigencia de doce años). También fue recordman de los 1.500 y en ambas distancias sólo quedó detrás, en Sudamérica, de un fenómeno de aquella época como el chileno Ramón Sandoval. La ausencia de Balducci en los Juegos Olímpicos de Melbourne, al igual que la de otros atletas como Osvaldo Suárez, fue una injusticia propia de esos tiempos. Al año siguiente, con el apoyo de sus amigos del barrio de Villa Pueyrredón que organizaron rifas y colectas -entre ellos estaban el bailarín Juan Carlos Copes y el dibujante Mordillo, según nos contó Hernán, uno de los hijos de Eduardo Balducci- éste pudo realizar una gira europea. Algo que era muy difícil y poco frecuente para las figuras del atletismo argentino.

Balducci y el gran velocista Gerardo Bönnhoff, su compañero del Club Argentino de Atletismo y finalista olímpico en Helsinki sobre 200 metros, habían sido invitados al Festival de la Juventud y de los Estudiantes en Moscú: atravesar la Cortina de Hierro era casi una “herejía” en tiempos de la Guerra Fría y por minucias reglamentarias, les costó a ambos una sanción de la Federación de ese entonces, que luego fue levantada.

Balducci pasó previamente por Italia, donde ganó su primera prueba de 800 metros con 1m53s8, en Macerata. Dos semanas más tarde, en Moscú, quedó 6° en esa distancia por el Festival con 1m52s0 y 7° en los 1.500. Y a partir de allí recorrió varios de los “templos” del atletismo de mediofondo europeo: Finlandia, Suecia, Dinamarca. En el espacio de apenas veinte días realizó ocho competencias y el 21 de agosto en Karlstadt fijó el récord sudamericano de los 1.000 metros con 2m24s4. Cuatro días más tarde, en Helsingor, se topó por primera vez contra Möens, quien ostentaba el récord mundial de los 800 metros. La distancia era levemente mayor (880 yardas) y Möens ganó con 1m49s9, quedando Belducci en el segundo puesto con 1m53s2.

Al día siguiente, en Goteburgo, Balducci venció en una prueba de 800 llanos con 1m52s4. Y cerró la gira el 30 de agosto en Aalborg, nuevamente frente a Möens: este marcó 1m48s1, Balducci le escoltó con 1m53s6.

Ya no tendría otras oportunidades de confrontar en ese nivel, aunque retornó a Europa para su despedida atlética con los segundos Iberoamericanos en Madrid (1962).

Möens había establecido el récord mundial de los 800 metros con 1m45s7, el 3 de agosto de 1955 en Oslo, mejorando un legendario tope que el alemán Rudolf Harbig mantenía desde antes de la Segunda Guerra Mundial (1939). Ambos eran asesorados por el mismo entrenador, una eminencia de la especialidad: Woldemar Gerschler. Con ese antecedente se vislumbraba como el gran favorito para los Juegos de Melbourne. Pero días antes, mientras entrenaba en Atenas, sufrió una lesión que le privó de la cita olímpica, donde el estadounidense Tom Courtney venció con 1m47s7. Ambos protagonizaron vibrantes duelos en los meetings de las temporadas siguientes (Courtney corrió en 1m45s8, Möens en 1m46s0, ambos en Oslo).

Al belga le faltaba un gran título y los Juegos Olímpicos de Roma, a los que llegaba con 30 años de edad, eran la última oportunidad. Las eliminatorias fueron extenuantes y al momento de encontrarse en la final, los ocho participantes venían de cumplir tres carreras en menos de 53 horas. El suizo Christian Wägli marcó el ritmo hasta los 600 metros, cuando Möens lanzó su ataque. Se encaminaba a la victoria cuando, sobre la recta final, apareció quien se convertiría en una leyenda del mediofondo: el neocelandés Peter Snell. Este, con un récord olímpico de 1m46s3, mejoró en más de dos segundos el antecedente personal con el que había desembarcado en Roma. Möens marcó 1m46s5, se colocó sus anteojos y se fue disgustado… Snell -quien falleció hace pocas semanas en Texas, donde era una eminencia médica- retuvo su título de los 800 en los Juegos de Tokio, triunfando también allí sobre 1.500, en un doblete que ya nadie podría repetir en la historia olímpica. Y más aún, los triunfos de Snell consagraron los novedosos sistemas de preparación que implementaba Arthur Lydiard.

Snell, además, se apoderó del récord mundial de los 800 con 1m44s3, en 1962. Y la marca de Möens permaneció como tope de su país hasta que en los Juegos de Montreal (1976), el talentoso, recordado y malogrado Ivo Van Damme escoltó a Alberto Juantorena con 1m43s86.

Möens, ya lejos de las pistas, tuvo una exitosa trayectoria judicial y alcanzó la jefatura de la división Bélgica de Interpol, donde ejerció hasta su retiro.

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