A 90 años de la hazaña de Juan Carlos Zabala

(Diario Clarín)

Aunque ambas hazañas vienen de lejos –la primera, de 1932, y la segunda, dieciséis años después- recién en los últimos tiempos la fecha del 7 de agosto queda establecida como la del “Día del maratonista” para el atletismo argentino. Efectivamente, en coincidencia por esa fecha, se concretaron allí las dos mayores hazañas de este deporte en los primeros planos internacionales: la victoria de Juan Carlos Zabala en el maratón olímpico de Los Angeles y, luego, la de Delfo Cabrera en el mismo acontecimiento pero en Londres, cuando se recuperaron los Juegos tras la pausa por la guerra. Esas hazañas se completaron en 1952 en Helsinki, un 27 de julio, cuando Reinaldo Gorno logró la medalla de plata, escoltando al fenómeno checo Emil Zatopek, “La locomotora humana”. Ya pasaron 70 años…

            Y han pasado 90 años desde que Zabala concretó la que fue, indudablemente, la más relevante actuación de un atleta argentino en la historia. Porque tenía apenas veinte años: nunca en la historia del olimpismo, ni antes ni después hubo un campeón tan joven para una prueba tan extenuante como el maratón. Y porque triunfó con un récord olímpico de 2 horas, 31 minutos y 36 segundos, en una carrera que se definió con los cuatro primeros peleando las medallas dentro del estadio, el Memorial Coliseum angelino. Y con toda una cuota dramática: Zabala, el popular “Ñandú criollo” tal como lo había apodado Crítica, había salido con un paso demoledor y a la altura de los 23,3 kilómetros, que atravesó en 1 hora y 20 minutos, le llevaba un minuto de ventaja al finlandés Lauri Virtanen. Sin embargo, este enseguida tomó la punta y, a los 32 km, fue relevado por el británico Duncan McLeod Wright, quien animó la carrera desde allí, estirando hasta 100 metros su ventaja sobre Zabala. Virtanen, agotado por su esfuerzo de días anteriores (venía de lograr las medallas de bronce en 5.000 y 10 mil metros llanos en la pista ), no pudo seguir luchando, pero amenazaban su compatriota Armas Toivonen y otro británico, San Ferris.

            McLeod se mantenía al frente en el kilómetro 37 y el auto del equipo argentino (con el entrenador Alejandro Stirling, el dirigente Eduardo Ursini y el campeón de natación Alberto Zorrilla) se volvió al estadio. El relato de Ursini, presidente de la Federación Atlética, fue: “Lo vimos a Zabalita echar espuma por la boca, los ojos perdidos, iba mal. Stirling le pegó el último grito: ‘estirá el braceo’. Parecía con un agotamiento casi total, nos miramos y pensamos que no tendría las reservas que afortunadamente demostró tener. En ese momento, se lo juro, no dábamos nada por su triunfo. Faltaban unos 5 km, volvimos al estadio, nos juntamos con los muchachos, nos preguntaron cómo iba Zabalita y les dijimos lo que pensábamos: que la chance era muy remota”. José Oriani, el jefe del equipo argentino de boxeo, esperaba en el estadio: “Sufríamos por la suerte de Zabalita, cuando vemos que se nos acerca Stirling. Verde la cara, despeinado, deshecho. ‘Se ha roto por luchar con el finlandés. No quiso dejar la punta y después vino el inglés para rematarlo. Se rompió el pibe´ nos dijo”.

            El desenlace fue dramático. Zabala consiguió sobrepasar a McLeod Wright en el kilómetro 38, pero el otro británico, Ferris, lucía más relajado para el remate. Entre el primero (Zabala) y el quinto, no había siquiera tres minutos de diferencia para pelear en los últimos kilómetros.

 “Nadie se imaginaba todo lo que trabajaban en mi cerebro en la parte final. Y empezó a dolerme una rodilla. Quería ganar, llegar primero costara lo que costara, sin importarme ni el dolor ni el riesgo de mi futuro. Quería darle esa gloria a la Argentina”, contaría Zabala posteriormente.

            En el estadio todavía quedaban 70 mil espectadores, tras vibrar con la final femenina del salto en alto. Según Ursini “la gran sorpresa fue verlo aparecer primero a Zabala. Justo en el instante inolvidable en que las trompetas daban el toque de atención. Ahí nos deshicimos todos. Stirling se olvidó de los consejos, yo de todo lo que había dicho antes, nos unimos en un mismo grito hasta quedarnos roncos. ¡Qué impresionante!. La gente gritaba también enloquecida, lo animaba, mientras él avanzaba como un héroe con los pies llagados, dándolo todo. Iba a entrar en la recta final y recién apareció el inglés. Zabala hizo un sprint emotivo, cruzó la línea de llegada y se cayó. Enseguida  lo recogieron un juez y un atleta que estaba adentro”, recordó Ursini.

            Zabala pudo mantener su ventaja sobre Ferris en el estadio, unos 90 metros, para terminar con récord olímpico. El inglés marcó 2h31m55s y Toivonen fue tercero con 2h32m12, quedando muy cerca McLeod Wight con 2h32m41s. Otro argentino, Fernando Ciccarelli, cordobés, fue 17° con 2h55m49s, mientras que el gran José Ribas tuvo que abandonar en el kilómetro 39. Nunca, hasta ese día, un final de maratón olímpico fue tan intenso. “Por su espíritu, su corazón y su resistencia, Juan Carlos Zabala, ese pequeño y ágil hijo de la Nación Argentina, fue la verdadera reencarnación de Filípides” sintetizó el cronista Damon Runyon en Los Angeles Examiner.

            La vida de Zabala es una verdadera novela y así quedará descripta en “Zabala, un campeón excepcional”, libro de próxima edición (Rubén Aguilera/Eduardo Biscayart/Luis Vinker, edición de la CADA). Huérfano, fue llevado a sus nueve años a la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez, en Marcos Paz, donde pudo estudiar. Nunca se pudo determinar sus orígenes, aunque él citaba Rosario como lugar de nacimiento. Su madre habría sido Ana Maria  Boyer y su padre, desconocido (él mencionaba a un “marino francés” o “un noble”). Tampoco hay precisión sobre su fecha de nacimiento, siendo la más aceptada la del 21 de septiembre de 1911, que es la que figuraba en distintos documentos hallados hasta ahora, como los certificados de viajes.

            Fue en aquella Colonia –aún hoy vigente- y que había sido reformada bajo la guía del educador José Amatuzzo, donde Alejandro Stirling, un atleta y entrenador austríaco radicada en nuestro país desde 1922, “detectó” las condiciones atléticas de Zabala. Este, desde ese momento, se convirtió en la gran promesa del atletismo argentino, acaparando títulos y récords en todas las distancias desde 3.000 hasta 10 mil metros. Stirling –quien décadas después iba a conducir las campañas de otros grandes como Reinaldo Gorno y Osvaldo Suárez- confiaba en preparar a Zabala para un maratón olímpico, pensando en 1936. Pero los tiempos se aceleraron. Después de su victoria en los 10 mil metros llanos durante el Sudamericano de 1931, en la pista de Gimnasia y Esgrima, reunieron fondos para una gira europea, lo cual representaba toda una aventura en esa época.

            Después de un extenso viaje en barco, Zabala se presentó para competir en 10 mil metros contra esa verdadera leyenda llamada Paavo Nurmi, el más grande ganador de medallas olímpicas en la historia del atletismo y autor de una treintena de récords mundiales. Nurmi venció en esa carrera, pero Zabala quedó tercero y causó grata impresión. Semanas más tarde, en Viena, el argentino estableció el récord mundial de 30 mil metros llanos en pista y, casi sin descanso, se trasladó a Kosice (actual Eslovaquia) donde debutó como maratonista: 2 horas, 33 minutos y 19 segundos, una de las mejores marcas mundiales para la época. A partir de allí quedó considerado como uno de los favoritos para Los Angeles.

            Las gestiones de Stirling y de las autoridades atléticas argentinas permitieron que Zabala viajara con mucha anterioridad –fines de mayo- a Estados Unidos para un ciclo de competencias, entrenamientos y aclimatación. Sin embargo, corrió otro maratón en Los Angeles el 25 de junio, donde iba a ritmo de récord mundial y sorpresivamente, tuvo que abandonar con los pies llagados. Había dudas sobre su estado, pero se recuperó rápidamente. Y en vísperas del maratón olímpico estaba muy confiado. “Voy a demostrar que puedo largar en punta y ganar. Los que quieran, que me sigan… llegarán después o se rompen”, declaró al diario Los Angeles Times.  “Estaba tan seguro que le aposté 500 dólares al nadador Alberto Zorrilla. Si yo perdía, me volvía nadando, porque no tenía un centavo”. Y en el campamento argentino había gran expectativa por su participación, era muy requerido en sus entrenamientos.

            El triunfo en Los Angeles convirtió a Juan Carlos Zabala en el gran héroe del deporte argentino de su época. Después vinieron los homenajes, las ofertas (como un pase al profesionalismo que prefirió no concretar), espectáculos. Se separó de Stirling (un vínculo que retomarían muchos años después, cuando el austríaco volvió a trabajar en nuestro medio). Recién en 1935, Zabala decidió volver a competir intensamente y preparar la defensa de su cetro olímpico. Se estableció en Alemania, primero en Berlin y luego en Wittenberg, bajo la guía de Otto Lamberg y se vio en buena forma en las competencias previas a los Juegos del 36: batió el récord mundial de 20 mil metros en Munich, también mejoró el récord sudamericano de los 10 mil metros, siendo así el primero en bajar de los 31 minutos… Ya en los Juegos, logró el sexto puesto de esa carrera de 10 mil, algo que ningún otro argentino ha logrado. Pero en el maratón, y a pesar del ritmo fuerte que intentó imprimir, sufrió algunos contratiempos físicos a partir del kilómetro 20 y tuvo que abandonar. También lo hizo su compañero Luis Oliva, cordobés, esta vez entrenado por Stirling.

            Zabala se radicó por un par de años en Dinamarca y compitió con cierto éxito en los países nórdicos. Sin embargo, el clima bélico que desembocaría en la Segunda Guerra Mundial aceleró su regreso. En 1938 ya vivía nuevamente en nuestro país, brindaba algunas exhibiciones y se despedía definitivamente del atletismo. Lo hizo ante una multitud en el Estadio de River, junto a otro gran fondista, Roger Ceballos, en diciembre de 1939, en el intervalo de una fiesta… futbolística.

            La gesta de Zabala fue la inspiración de varias generaciones de grandes atletas argentinos en pruebas de fondo: Raúl Ibarra, Delfo Cabrera, Ricardo Bralo, Reinaldo Gorno, Osvaldo Suárez, Domingo Amaison. Y muchos más. Trabajó en distintos ámbitos, inclusive oficiales, y luego como preparador físico particular, se acercaba de tanto en tanto a las pruebas atléticas y evocaba en distintas entrevistas la dureza de sus comienzos, sus hazañas, sus viajes.

            En diciembre de 1982, a medio siglo de su victoria olímpica, fue homenajeado por el Círculo de Periodistas Deportivos. También ese año había participado en la gran gala de la Federación Internacional de Atletismo en Atenas junto a las mayores leyendas de su deporte como Emil Zatopek. También había recibido el reconocimiento con el Konex en su especialidad. Pero no pudo disfrutar demasiado esos momentos: después de un accidente doméstico en la casa donde vivía, en Benavídez, murió el 24 de enero de 1983.

            A fines de 1999, la Confederación Argentina de Atletismo organizó la encuesta para determinar “Los atletas del siglo” y allí Juan Carlos Zabala fue elegido como el número 1 entre los hombres, con Noemí Simonetto entre las damas. Una década después, con Sergio Massa como intendente de Tigre, el Polideportivo de Benavídez se inauguró con el nombre de Zabala. Allí, hijos y nietos de Zabala compartieron el reconocimiento. En 1993, el Concejo Deliberante de Marcos Paz impuso el nombre de Juan Carlos Zabala al acceso que lleva a la Colonia, desde la ruta 40 hasta la 23, y a las puertas de aquel hogar de la infancia del Ñandú se levantó un monolito, diseño del artista Julio César Rogelin. El próximo Maratón Internacional de Buenos Aires homenajeará la gesta de Zabala (a nueve décadas) y Gorno (a siete).  Y en Marcos Paz, la Federación Internacional /World Athletics, colocará una placa alusiva en su recuerdo.

JUAN CARLOS ZABALA – HITOS DE SU CAMPAÑA

Su principal título

Medalla de oro del maratón olímpico de Los Angeles (1932) con 2h.31m.36s.

Es el campeón de maratón más joven en la historia de los Juegos

Otra actuación olímpica

6° en los 10 mil metros en los Juegos de Berlin (1936)

Otros títulos

Campeón sudamericano de 10.000 metros en 1931 (Buenos Aires) con 31m.19s.0

Campeón nacional de 3.000 y 5.000 metros en 1929 (Buenos Aires), campeón nacional de 3.000 y 5.000 metros en 1930 (Rosario)

Todos sus maratones

28 oct 1931       Kosice                                     1                      2,33,19

25 jun 1932       Los Angeles                             abandonó

7 ago  1932       Los Angeles (Juegos Olímpicos) 1                     2,31,36

9 ago   1936      Berlin (Juegos Olímpicos)          abandonó

Sus récords mundiales

20.000 metros llanos en pista: 1h.04m.00s.2 en Munich el 19-4-1936

30.000 metros llanos en pista: 1h.42m.30s.4 en Viena el 10-10-1931

Sus mejores marcas

Zabala estableció numerosos récords nacionales y sudamericanos en pruebas de fondo, desde 3.000 metros llanos en pista hasta el maratón.

Sus mejores marcas en las pruebas clásicas de pista fueron

3.000 metros llanos       8m.44s.1/5 en Montevideo el 9-5-1931

5.000 metros llanos       14m.55s.4/5 en Buenos Aires el 30-4-1932

10.000 metros llanos     30m.56s.2 en Stuttgart el 21-5-1936

HITOS ARGENTINOS EN MARATON

28 de octubre de 1931

Debut de Juan Carlos Zabala como maratonista: gana en Kosice (actual Eslovaquia) con 2h.33m.19s.

7 de agosto de 1932

Victoria de Juan Carlos Zabala en el maratón olímpico de Los Angeles con récord olímpico de 2h.31m36s.

7 de agosto de 1948

Victoria de Delfo Cabrera en el maratón olímpico de Londres. Tres argentinos en el top ten con Eusebio Guíñez (5°) y Armando Sensini (9°).

6 de marzo de 1951

Delfo Cabrera (2h35m01s) y Reinaldo Gorno logran las medallas de oro y plata respectivamente de los primeros Juegos Deportivos Panamericanos, en Buenos Aires. Recién 64 años más tarde –Toronto 1995- un argentino volvería al podio, Mariano Mastromarino con medalla de bronce.

27 de julio de 1952

Medalla de plata de Reinaldo Gorno en el maratón olímpico de Helsinki con récord sudamericano de 2h.25m.35s., escoltando al checo Emil Zatopek. Delfo Cabrera, sexto. Posteriormente Gorno gana los maratones de Dorbirn (1953), Kamakura (1954) y Enschede (1955)

10 de septiembre de 1960

Osvaldo Suárez queda 9° en el maratón olímpico de Roma –ganado por Abebe Bikila- con récord sudamericano de 2h.21m.26s

30 de abril de 1995

Antonio Silio gana el maratón de Hamburgo y se convierte en el primer argentino por debajo de las 2 horas y 10 minutos (con récord nacional de 2h.09m.57s)

5 de diciembre de 2021

Después de 26 años, cae la marca nacional: Joaquín Arbe consigue 2h.09m.36s. en el maratón de Valencia.

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