Mastromarino, el héroe que llegó del silencio

Producción Diario La Razón

Decenas de deportistas argentinos regresaron con sus medallas, o actuaciones convincentes, de los recientes Juegos Panamericanos en Toronto. Y tal vez, una de esas actuaciones que causó mayor emoción fue sobre un escenario que ya resulta inaccesible para los nuestros: el maratón. Mariano Nicolás Mastromarino, nacido hace 33 años en Mar del Plata, se llevó una medalla de bronce que no figuraba en los pronósticos y que volvió a colocar al atletismo argentino en un mapa en el que faltó tanto tiempo…

“Es la mejor actuación de mi vida”, dijo después de un recorrido extenuante de 2 horas, 17 minutos y 45 segundos, en un circuito muy trabado (Ontario Place), bajo el calor y la humedad. La carrera fue ganada por el cubano Richer Pérez, que desbordó en los tramos finales al favorito peruano Raúl Pacheco, mientras Mastromarino también protagonizó un rush en los últimos 2 kilómetros que le permitió arrebatarle un sitio del podio al mexicano Vargas.

“Mariano siempre tuvo las condiciones de maratonista y de gran competidor. Sólo que a veces necesita convencerse”, explicaba su entrenador Leo Malgor, con antecedentes de cuartos puestos en pruebas de pista en los Panamericanos de dos décadas atrás.

EL COMIENZO

Mastromarino asomó como un fondista de talento en su época juvenil, alcanzando los títulos sudamericano y panamericano de dicha categoría para atletas sub-20 en Santa Fe, a fines de 2001, en la prueba de los 3.000 metros con obstáculos. Es una especialidad que requiere técnica, precisión y aquel talento, algo que Mastromarino reunió en su tránsito a la categoría mayores, donde la ganó en ocho campeonatos nacionales. También fue campeón sudamericano (Cali 2005) y medalla de bronce, seis años más tarde, en Buenos Aires, ante durísimos rivales. Su sueño era clasificar para los Juegos Olímpicos y estuvo a punto de concretarlo en 2012 -cuando fijó su mejor marca de 8 minutos, 36 segundos y 75 centésimas- pero le faltaron… unas pocas centésimas.

La frustración le hizo pensar en su retiro del atletismo y llegó a dedicarse por un tiempo a un pequeño negocio, casi familiar, de venta de pulóveres. Pero lo convencieron de insistir en las carreras, aunque ya dedicado a las más “redituables” y populares de calle. Con su base de pista y aquel talento intacto, se ubicó enseguida como un referente argentino en las pruebas más importantes. Su debut como maratonista se produjo el 7 de octubre del 2012 en Buenos Aires, marcando 2h20m51s y ocupando el 7° puesto en la clasificación general, siendo allí el mejor entre los argentinos. Le pedían 2h17m para concurrir al Mundial de Moscú 2013 y estuvo a punto de lograrlo: su marca en París (el 7 de abril de ese año) fue 2h17m22s… No pudo ser.

En octubre pasado volvió a ser protagonista del maratón de Buenos Aires, pero esta vez delante de todos, principalmente de los visitantes y favoritos keniatas. Ganó con su mejor registro personal de 2h15m28s, tras superar también un curioso ( y ridículo) percance: un auxiliar, desubicado, no podía entender que un argentino tomara la punta, lo consideró un “intruso” y pretendió sacarlo del circuito… Pero Mastromarino siguió, imperturbable, a la victoria.

Fue su trampolín hacia los Juegos de Toronto, los de su consagración. Desde hacía 64 años que un argentino no llegaba al podio del maratón panamericano. Solamente lo habían conseguido dos hombres que – en su época- eran de primer nivel mundial: Delfo Cabrera (campeón olímpico en Londres 1948) y Reinaldo Gorno (que sería el subcampeón olímpico en Helsinki 1952). Justamente en la primera edición de los Juegos Panamericanos realizada en Buenos Aires, en el otoño del 51, Cabrera se llevó el oro entre los maratonistas, aventajando por casi diez minutos a Gorno, quedando cuarto el otro representante argentino, Luis Lagoa. Desde entonces, ningún otro maratonista de nuestro país llegó tan alto en esta cita.

Mastromarino disfruta ahora de su medalla, de una recompensa a tanto trajín, al rigor de la puesta a punto en las alturas en Cachi y a su andar casi solitario por pistas o rutas. La última escala será clasificar para los Juegos Olímpicos de Río 2016 y, para ello, necesitará de alguno de los maratones sobre terreno plano y clima fresco (tal vez en el próximo otoño europeo). Tiene todo para lograrlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.