Lasse Viren, una leyenda del atletismo olímpico

El 3 de septiembre de 1972 –es decir, hace 45 años- en el Estadio Olímpico de Munich se definían los 10 mil metros de los Juegos con los mejores fondistas de aquella época. Justo al llegar a la mitad de la prueba, el finés Lasse Viren tropezó con otro de los favoritos, el tunecino Mohammed Gammoudi. Este abandonó la prueba, pero Viren decidió seguir, a pesar de que el pelotón de punta se había alejado unos 30 metros. Lo que siguió fue una recuperación como no se vio nunca en la historia atlética. Viren se colocó otra vez junto a los líderes y remató el último kilómetro en 2m.29s, en un tremendo duelo con el belga Emiel Puttemans: con 27m.38s.4, el finés estableció un nuevo récord del mundo y también su rival, con dos décimas más, estuvo por debajo del récord anterior. La medalla de bronce fue para el etíope Miruts Yifter (quien ocho años después se cobraría su revancha en Moscú) con 27m41s0, la cuarta marca de la historia en esos momentos.

En la plenitud de su forma física y técnica, pocos días más tarde Viren sumó otra medalla de oro sobre 5.000 metros, donde estableció un récord olímpico de 13m.23s.4 y doblegó a Gammoudi, ex campeón de la distancia. Y Viren cerró su campaña de la temporada con 13m16s4 en Helsinki, un nuevo tope mundial. Tenía 23 años y ya no volvería a correr tan rápido…

Lo cierto es que aquel doblete de Lasse Viren en Munich revivió las glorias de Finlandia en las pruebas olímpicas de fondo. Por varias décadas, Finlandia significó para el atletismo de largas distancias lo que hoy representan Kenia y Etiopía: una cantera inagotable de campeones. Entre aquellos “fineses voladores” que cubrieron casi cuarenta años de atletismo mundial había nombres como los de Riitola, Iso-Holl, Kohlemainen. Y el más grande de todos, Paavo Nurmi, con sus nueve oros olímpicos entre 1920 y 1928.

“Crecí en el atletismo con la imagen de Nurmi. Nunca le conocí personalmente… Pero una vez se arregló todo para que me recibiera, yo había ganado mis títulos olímpicos. Iba a salir de mi casa y recibí un llamado: Nurmi ha muerto. En lugar del encuentro, tuve que llevar flores a su estatua en el Estadio Olímpico”, contó Viren sobre aquella jornada del 2 de octubre de 1973.

Lasse Viren nació el 22 de julio de 1949 en Myrskyla, un pueblo de 3.000 habitantes, fundado hace cuatro siglos a 80 kilómetros al norte de la capital de su país, rodeado de bosques, lagos y praderas. Fue el terreno propicio para que un Viren adolescente se aficionara a correr aunque, en principio, su primer deporte fue el esquí de fondo. También estudiaba para mecánica, pero dejó todo por el atletismo cuando se convirtió en el más promisorio fondista finés: récords juveniles de 8m32s8 en 3.000 metros y 14m59s4 en 5000 a los 18 años, un intervalo por el servicio militar y una rápida progresión hasta 13m55s0 en 5000 en 1969. Por aquella época, también comenzó con entrenamientos de altitud, estuvo en la universidad Brigham Young en Provo (EE.UU.), la misma en la que años más tarde se destacaría nuestro Tito Steiner. Pero finalmente decidió quedarse en su país, se colocó a las órdenes de Rolf Haikkola –el entrenador que lo llevaría a la fama- y disponía del tiempo suficiente que le daba un empleo part-time en la Policía local.

Viren hizo su primera experiencia internacional de alto nivel con el Campeonato Europeo de 1971, en su país, donde quedó 7° en los 5.000 metros, pero muy relegado en los 10 mil (17°). Y pocos suponían que su progreso sería tan notorio a los pocos meses, hasta colocarse en la lista de favoritos para los Juegos de Munich. Recién se lo tuvo en cuenta al bajar por primera vez los 28 minutos para los 10 mil metros en Oslo y al establecer una marca mundial de las dos millas con 8m14s0 en Estocolmo, tres semanas antes de la cita olímpica. Haikkola, un fondista de cierta relevancia a mediados de los 50, se había formado bajo las enseñanzas del neocelandés Arthur Lydiard, el mayor experto en entrenamientos de distancia. Y el propio Lydiard definió a Viren como “uno de los corredores más finos que vi. También, uno de los más sistemáticos en sus entrenamientos”. El estadounidense Frank Shorter –otro de los colosos de la época, ganador del maratón en Munich- consideró que Viren “tenía todo lo que debía tener un corredor completo: talento, inteligencia, determinación disciplina. Y un sentido táctico de gran competidor”. Y Haikkola describió que “nuestros entrenamientos eran más intensos en volumen que todo lo conocido hasta ese momento”.

Viren le devolvió el prestigio al atletismo de fondo de Finlandia, pero su atención se concentraba únicamente en los Juegos. El resto de sus participaciones eran sólo “puestas a punto” hacia el objetivo mayor. Fuera de aquella gloria olímpica, apenas puede rescatarse una participación en el Campeonato Europeo de Roma, en 1974, donde se llevó la medalla de bronce de los 5.000 metros. Pero fue uno de los primeros en dedicar largos períodos de entrenamiento en altitud: iba a Kenia, Colombia o a los Pirineros franceses.

Y cuando llegaron los Juegos Olímpicos de Montreal, en 1976, ya era el hombre a batir. Con 27m.40s.38, retuvo la corona de los 10 mil metros, delante del portugués Carlos Lopes. Más vibrantes fueron los 5.000, con seis hombres peleando las medallas en la recta final: la calidad de Viren le dio un nuevo título en 13m24s76 y el neocelandés Dick Quax se zambulló en la meta para quedarse con la medalla de plata. Entre el primero (Viren) y el sexto apenas hubo dos segundos de diferencia… Viren era el primer fondista en la historia que retenía el doblete olímpico (5.000-10.000) y pasarían cuatro décadas hasta que en Rio 2016, el británico MoFarah pudiera emularlo. Su ambición iba más allá, quiso imitar al checo Emil Zatopek, el único hombre que ha ganado 5.000, 10.000 y el maratón en los mismos Juegos Olímpicos. No pudo ser, era su debut en la distancia y sintió el trajín de la semana, quedando 5° con 2h.13m.11s.

Poco y nada se vio de Viren en las grandes competencias desde entonces, sobre todo por las lesiones y una operación de rodilla. Pero al llegar los Juegos de Moscú en 1980 –muy afectados por el boicot- con su nombre y su presencia imponían respeto. El calor y la humedad de la capital rusa, no lo favorecían. Y para Miruts Yifter –el infortunado etíope de Munich 72, cuentan que se quedó encerrado en el baño antes de la final de 5.000 metros- era la oportunidad del desquite. Tuvo su buena ayuda de parte de sus compatriotas Kedir y Kotu, en un juego de equipo y cambios de ritmo que enloquecieron principalmente a Viren. Oro para Yifter en 27m42s69, plata para otro finés (Maaninka), bronce para Kedir y… quinto lugar para Viren en 27m50s46. Volvió a intentarlo con el maratón, pero un virus estomacal le obligó al abandono sobre el kilómetro 30.

Su campaña, oficialmente, concluyó un año más tarde.

“Mis entrenamientos eran duros, pero siempre disfruté corriendo, nunca lo sentí como un sacrificio”, escribió. “Por supuesto, no necesita cierta dosis de fortuna, pero mucho más del trabajo duro. No me siento más afortunado que otros corredores, lo principal es que trabajé con esa dureza y sin perder nunca las esperanzas”.  A fines de los 90 fue electo al Parlamento de su país y en 2011, ingresó al Hall de la Fama de la IAAF.