El gran momento de Belén Casetta

Por María Kexel / Diario Clarín

“Yo sé que soy Belén Casetta, la deportista, pero si pudiese contar otra versión de mí, diría que me río siempre y que soy la jodona”, describe con la vista fija en la lluvia que esconde el equinoccio de septiembre y atrasa el festejo de la primavera. Pero a la marplatense de 22 años, el clima no le importa. Es que todo lo que toca Belén Casetta florece.

Le cuenta a Clarín que ella no es como sale en la cámara a punto de correr, seria y con el ceño fruncido. Aclara que le gusta disfrutar y que sus amigos y su familia la conocen de verdad. Dice que se propone objetivos grandes porque eso la motiva y, si los consigue, piensa: “¿Y ahora qué?”. Es una de las mejores atletas argentinas pero eso ella, humilde, no lo dirá jamás.

Sobre Olavarría, Güemes, Córdoba o avenida Constitución, Antares en Mar del Plata es como McDonald’s en Estados Unidos. Hace siete años, Casetta, con una cara que se ruborizaba como lo hace ahora, servía en el bar para pagarse el viaje a la Copa Nacional de Santa Rosa. ¿Qué cambió en esa chica bajita, tímida, la mayor de cuatro hermanos, que trabajaba con sus padres tres horas todos los días como moza en un salón de eventos y hacía malabares para llegar a entrenarse, a la aún joven pero madura finalista del Mundial de Londres en 3.000 metros con obstáculos, dueña de dos récords sudamericanos?

“No mucho. Yo sigo siendo la misma de antes. Me abrí muchísimo, eso sí. Me entreno con la misma gente pero ahora no trabajo como moza, ja”, confiesa Casetta, que de a poco se acostumbra a que le pidan fotos o a que los medios pidan notas con ella. También aclara: “Son épocas. Antes tenía que ayudar más en casa y ahora estoy más afectada a las carreras, tanto la deportiva como la universitaria. Porque sigo con medicina a full. Aquellas fueron etapas que me sirvieron para madurar, crecer y aprender. Sin dudas”.

-Te describen como alguien fuerte. ¿Adentro o afuera de la pista?

-En ambos lados, creo. Sí. Soy muy… ¿cómo decirte?… dura. Me cuesta mucho demostrar que estoy triste. Soy muy cerrada en ese sentido y cuando la emoción me agarra de golpe lo manifiesto, por ejemplo, en una carrera. Pero es algo que me cuesta. Y lo trabajo porque para los entrenamientos no es bueno. No tengo que guardarme todo porque me influye. Tengo que soltar y limpiarme.

-¿Esa es tu principal debilidad?

-Esa y otras. Deportivamente hablando, asumo que me cuesta mantener un equilibrio con la comida. Cuando compito estoy enfocada y lo hago bien, pero cuando termino, me relajo y me cuesta muchísimo. Es el problema que tengo y me serviría resolverlo, sobre todo a la hora de entrenarme. Tengo que encontrar el equilibrio.

  Lo cuentan quienes estuvieron con ella en ese momento. Fue en junio de 2015 cuando Belén Casetta enfrentó el momento más difícil de su vida. O de la vida de cualquiera, en realidad. Edgardo Casetta, que además de su padre era el alma que la motivaba en el atletismo, no pudo tras luchar con un cáncer terminal. Cuatro días después, Casetta tenía la última chance para llegar a los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Su entrenador, Leonardo Malgor, recuerda: “Un miércoles estábamos enterrando a Edgardo y el mismo día la llevaron a Belén a Ezeiza para viajar a Lima, Perú, y competir. Ese domingo logró la medalla de bronce, el récord sudamericano y el pasaje a Toronto. Las últimas palabras de su papá habían sido: ‘Andá y ganá’. Ahí nos dimos cuenta de que Belén estaba para cosas grandes”.

-¿Se aprende a vivir con eso?

-A mi papá lo tengo presente siempre. Día y noche. Él es el que me inició, el que me llevó a correr por primera vez. Si te sentabas a hablar con él, era: “Belén esto, Belén aquello”. Éramos muy compañeros y le encantaba ayudarme y cuidarme. Era mi psicólogo, me aconsejaba sobre qué me convenía hacer, en todo. Siempre va a estar presente.

Hace un año y medio, Belén sintió un cambio. Es el mismo tiempo que lleva de novia con Facundo, su pareja que la acompaña en todo. Ella tiene esa coraza que deja atravesar por sus seres más queridos. Y tiene los pies sobre la tierra cuando dice: “Me gustaría ganar una medalla en un Mundial”.

 

Belén Casetta, quien el martes 26 de septiembre cumplirá 23 años, sigue siendo la niña mimada por todos. María de los Ángeles Peralta, dos veces olímpica en maratón, la mira y dice:Es mi debilidad. Hace cuatro años me escribió y me pidió concentrar conmigo en Cachi antes de que yo me retirara. Obvio que la llevamos con el “Colo”, porque vamos siempre. Ahí ya me compró”.

El “Colo” es Mariano Mastromarino, bronce en el maratón de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y olímpico en Río 2016, y también se despoja de elogios con la “chiquita” del grupo. “Cuando la vimos con Marita la primera vez, dijimos: ‘Esta chica es un toro, es un animal’. Desde chica que la llevamos con nosotros a las concentraciones y ahora la gastamos y le decimos que la famosa es ella y que nos va a tener que mantener a nosotros”.

Su entrenador, Leonardo Malgor, el que más la conoce junto a su colega Daniel Díaz, afirma: “La entrenamos desde los 10 años, es muy obsesiva y ella es la más convencida de lo que puede lograr. Por eso no tiene techo”.

La marplatense tuvo una actuación histórica en el Mundial de Londres, al finalizar undécima en los 3.000 metros con obstáculos, con un récord sudamericano de 9m25s99. Ya había logrado adueñarse de la mejor marca de la región en la serie en la que logró un tiempo de 9m35s78, lo que le permitió clasificarse a la final, la primera para un argentino en una prueba de pista.

En 2016 había dado muestras de su potencial al consagrarse campeona iberoamericana en Río de Janeiro con récord argentino y clasificarse a los Juegos Olímpicos de la ciudad carioca. Y este año fue oro en el Sudamericano de Asunción.