Juan Carlos Anderson

A 80 años de una aventura (y grandes actuaciones) en los Juegos de Berlin

Hace exactamente ochenta años, en un mundo convulsionado (y que insinuaba la tragedia de la Segunda Guerra Mundial), el deporte argentino reunió fondos, después de intensos esfuerzos y colectas, y llevó 55 deportistas a los controvertidos Juegos Olímpicos de Berlin, aquellos que Hitler y sus acólitos intentaron convertir -y lograron por momentos- en publicidad para su régimen.

La delegación argentina, que en su mayoría viajó por más de veinte días en el buque Cap Ancona, tuvo un apreciable éxito con dos medallas de oro (una en polo y otra con el boxeador pluma Oscar Casasnovas), dos de plata y tres de bronce. Una de las medallas de plata correspondió a Jeanette Campbell, la primera mujer argentina -y única en aquella delegación- en asistir a los Juegos, con su histórica actuación en los 100 metros libre.

El atletismo, bajo la conducción técnica de Víctor Camaño, consiguió llevar ocho representantes y algunas de sus performances quedan entre las mejores del historial de nuestro país en los Juegos. Juan Carlos Zabala se había instalado desde hacía varios meses en Europa con el objetivo de defender su corona olímpica en el maratón. Pero su estado de forma ya no era el mismo, a pesar de unas incursiones exitosas sobre 10 mil metros. El 10 de mayo estableció el récord sudamericano con 31m02s4 en Wittenberg (la ciudad donde entrenaba) y once días después lo mejoró a 30m.56s.2 en Stuttgart. Decidió incursionar en esa prueba, aunque no pudo con el poderío de los fineses y terminó sexto en 31m22s08 durante la jornada inaugural del atletismo en los Juegos. Una semana más tarde, para el maratón, tuvo que abandonar después de los 25 kilómetros. Y lo mismo le sucedió a su compañero Luis Oliva, quien padeció de muchos problemas ´físicos en la previa. Oliva era entrenado por el legendario Alejandro Stirling quien, tiempo antes, había terminado su relación con Zabala (ahora conducido por un coach local).

Una de las grandes figuras de nuestro atletismo en esa época brilló en Berlin: Juan Carlos Anderson (FOTO). Destacado especialista en los 400 llanos, se volcó esa vez a los 800 y trepó hasta la final, donde terminó séptimo, algo que ningún otro mediofondista argentino ha logrado en el historial olimpico. Anderson, además, llegó hasta las semis de 400.

Otro caso destacado fue el de Juan Alberto Lavenás. A sus 22 años, alternaba el atletismo con el rugby. Había comenzado en el Belgrano Athletic (el mismo club de Anderson y Jeanette Campbell), pero luego jugaba rugby para el CASI. Hasta que se produjo la recordada escisión que dio origen al SIC, adonde marcharon Lavenás junto al “Mono” Rodríguez Jurado (otro deportista múltiple) y unos cuántos más.

Dentro de las pistas atléticas, Lavenás lució como vallista y en los Nacionales de 1935, en la pista de GEBA, igualó el récord sudamericano de los 110 con 14s.8. Fue designado para Berlin tanto en los 110 como en los 400 vallas, prueba en la que tenía escasa experiencia, y como eventual suplente para el relevo corto.

Y Lavenás alcanzó las semifinales en ambas pruebas de vallas, sobresaliendo su 5° lugar en los 400 y su récord nacional de 54s.5 (tanto en series como semis).

En los Juegos Olímpicos anteriores, el atletismo argentino había contado con sprinters de la clase de Juan Bautista Pina (semifinalista en Amsterdam 1928) y Carlos Bianchi Luti (finalista de 200 en Los Angeles 1932). Pero, para la época de Berlin, Pina ya se había despedido de las pistas. Y Bianchi Luti, lamentablemente muy joven, falleció en 1935.

No obstante, se contaba con un buen grupo de velocistas. El más joven entre ellos, el platense Antonio Fondevila, había deslumbrado en los citados nacionales de fines de 1935 con sus triunfos en 100 y 200, donde estableció las mejores marcas de su campaña. Tenía 19 años y su registro de 100 llanos con 10s.4, además de igualar el récord sudamericano absoluto, era lo que -con el tiempo- se consideraría “récord mundial junior” (o u20). Junto a Fondevila se armó una posta con Thomas Clifford Beswick, Antonio Sande y Carlos Hofmeister. Este era un destacado valor sobre 200 llanos, distancia en la que marcó 21s.4 poco antes de los Juegos. Sande tenía como antecedentes 10s.5 y 21s.9 desde 1933, en tanto Beswick era oriundo de Londres, pero residente desde pequeño en nuestro país.

Las buenas prestaciones de todos en la previa a Berlin hicieron que se armara una posta que, en evaluativos en GEBA y en la ya desaparecida pista de la YMCA, batiera por tres veces consecutivas el récord sudamericano: 42s.1 el 19 de abril, 41s8 el 2 de mayo y 41s.7 el 16 del mismo mes, formando aquí con  este orden: Fondevila, Sande, Hofmeister y Beswick.

En los Juegos de Berlin estos velocistas tuvieron el privilegio de compartir la pista -y de ser testigos directos- de una de las mayores gestas en la historia del atletismo mundial: las cuatro medallas doradas de Jesse Owens (100 y 200 llanos, el salto en largo y los relevos). En sus actuaciones individuales, los nuestros pagaron el precio de cierta inexperiencia. Sande, Beswick y Fondevila quedaron eliminados en el primer turno de los 100 metros. Pero en 200, tanto Beswick como Hofmeister alcanzaron los cuartos de final, en tanto Fondevila sufrió una distensión muscular, que le provocó también su salida de los relevos y su reemplazo por Lavenás.

En las eliminatorias de la 4×100, Estados Unidos ganó la primera serie con récord olímpico de 40s clavados. Holanda logró la otra en 41s3 y Argentina -segunda con 41s9- consiguió su avance a la final. Lavenás, Sande, Hofmeister y Beswick se aprestaron a la prueba cumbre del 9 de agosto, donde los estadounidenses, nuevamente liderados por Owens, quebraron la barrera de los 40 segundos (39.8) y cerraron ese ciclo. Italia, que había reservado a sus hombres en las pruebas individuales, fue subcampeón con 41s1 y los locales, terceros con 41s2. Holanda, que incluía al medallista individual Osendorp, resultó descalificada por la caída del testimonio y la Argentina consiguió un cuarto puesto en 42s.2 que, a las luces de la historia, resulta notable: es el único que ha logrado una posta de nuestro país en el atletismo olímpico.